
Tengo un fugaz recuerdo de aquellas horas de la tarde y de todo lo demás.
En el instante que el viento terminó, se esfumo tu alma, acabo el vaivén de tu pelo y tu inmaculada vestimenta se arruino.
De pronto, calma, solo calma.
Cuando el viento comenzó alejó con el mis pasos de la abrumadora agonía, que aveces no me deja siquiera respirar.
Es tarde y necesito sangrar.